31 de marzo de 2011

Goles y Literatura.

Alejandro Carrillo Correa

Colaboración para ChidoBUAP

Hace un par de semanas cierta persona me preguntó mi punto de vista sobre la relación que existe entre la belleza y la complejidad; es decir, si el nivel de dificultad de una obra determina el valor que le dan las personas dentro de lo que se conoce como “bello”.

Mi respuesta fue inmediata:

- Para mí lo mejor del mundo es lo más simple.

- ¿Como qué?- ella rebatió.

- Como el fútbol - respondí.

- Pero estamos hablando de arte - contraatacó.

- Por eso – sonreí.

Y es que yo soy uno de esos seguidores de la “tribu”, aquellos que exploramos las cábalas, los ritos y las ceremonias dentro esas catedrales de concreto que conocemos como estadios, soy uno de esos que encuentra semidioses en la cancha y predicadores en las tribunas todos los domingos, soy de una religión con millones seguidores en donde “dios siempre es redondo”. Los ateos con ínfulas de intelectuales dirán que no se trata sino de “una herramienta de control social, ¡pan y circo para el pueblo!”, y jurarán odiar al fútbol por sobre todas las cosas y jamás verán un partido, pero en el fondo vivirán con la angustia de no saber entender el delirio de los fieles. Así sea.

Juan Villoro, gran apóstol del balompié, asegura que el fútbol es un fenómeno cultural en todo el mundo, es el espejo que somos en lo bueno y en lo malo, trastoca las aristas más humanas de los individuos y de las colectividades; y además es una poderosa máquina del tiempo capaz de devolvernos a los niños que fuimos. Añadiría que el fútbol es un catalizador de las bellas artes: La jugada que empieza en las manos del arquero y termina en las redes contrarias después de catorce o quince toques, eso es arquitectura. El baile del “diez” con tres defensas encima y con “caño” incluido, eso es danza. Los canticos de 10 mil en la tribuna es la más bella pieza musical. El lance del portero sobre la horquilla del arco para mandar el balón a tiro de esquina, es la mejor de las pinturas. La “mano de d10s” en el Argentina-Inglaterra del 86’, justo después de la guerra de Las Malvinas, ¡eso es cinematografía! En fin… ¿Qué es un partido? Sino una historia que ocurre durante un tiempo determinado y como en la literatura, esta historia puede ser buena o mala.

De acuerdo con Villoro, el fútbol va más allá de ser un simple deporte; es la forma mejor repartida de la pasión en el mundo y nos cautiva porque es simple tanto en su reglamentación como en su infraestructura y equipamiento; “para jugarlo sólo se necesita de un par de suéteres como portería y algún objeto que haga de balón”. El fútbol nos llena porque probablemente repara alguno de nuestros anhelos, cumple alguna de nuestras ilusiones y compromete nuestra imaginación; “el fútbol sucede en dos tiempos, en el campo y en la mente del espectador”. Ineludiblemente el juego es una escuela de resignación que corre al parejo de la vida y no se puede detener; “es la pasión del 0-0, la pasión del no partido, del no resultado que es inimaginable en otros deportes”.

Es el único fenómeno social que va contra la evolución de la especie, que recupera la parte reptiliana de nuestro cerebro, es aquí donde las antorchas y los gritos de guerra nos regresan a lo primitivo, a la salvaguarda de nuestra tribu. Llenamos los estadios, suspendemos nuestras conversaciones y a veces hasta nuestros matrimonios, vuelve a jugar la parte cancelada de la civilización y el pie obtiene su venganza ante la mano.

Es un fenómeno social unificador e incluyente; no por nada la Federación Internacional del Fútbol Asociación (FIFA) tiene más países asociados que las Naciones Unidas. En lo individual, el fútbol puede cambiar carácter de las personas a niveles extraordinarios; de repente el prudente y reservado se pinta la cara y le mienta la madre a cuantos árbitros y rivales tenga delante de sí, y el despistado conoce de memoria la ficha técnica de Berbatov, Arshavin y Pavlichenko.

Entre otras cosas, el autor de “Dios es redondo”, considera que el fútbol es la mejor de las democracias con el peor sistema de jurisprudencia. No importa si son ricos, pobres, gordos, flacos, negros, blancos, amarillos o azules, poco importa si durante la infancia tuvieron polio, sufren de enanismo o tienen una bala incrustada en la cabeza, si nacieron en el Palacio de Buckingham, en una favela o en el barrio bravo de Tepito; el fútbol no sabe de clases sociales y todos pueden jugar.

Es cierto, las vicisitudes del juego no son ningún misterio, todos conocemos la podredumbre que rodea la grama de una cancha: las mafias, los malos manejos, la publicidad en exceso, el uso de drogas, los prejuicios raciales, el oportunismo político, las sumas exorbitantes de dinero, la compra de árbitros y que Azcárraga sea dueño del Necaxa, son aspectos que empobrecen el arte, son el fruto prohibido que está mandando todo al carajo, la prostitución.

Queda entonces declararnos aficionados de la afición que es la razón de ser del juego, queda entonces impedir que nos roben la infancia porque hemos aprendido que siempre hay tiempo de compensación y nunca se sabe quién se llevará el mejor resultado. Finalmente, los dejo con una reflexión que es más bien un recordatorio del genial Villoro, que nos acompañó a lo largo de este artículo y quien en días pasados dio una cátedra fenomenal sobre fútbol en el Salón Barroco de nuestra Universidad con estadio a reventar y gol de oro en el último minuto.

“Antes de salir al campo conviene recordar a los a los jugadores de sombra, los que se quedaron en el camino, con los huesos o los nervios rotos, aquejados por las variadas circunstancias con que los días preparan su asedio. Ellos, nunca vistos, fueron tan necesarios como las líneas blancas que separan las letras de los libros”. Amén.

22 de marzo de 2011

El rostro en el espejo

Opinión

Verónica Mastretta

Publicado en Milenio 140311

Espejo Mirallmar de BD

No sería precioso que el enemigo a vencer en nuestro estado o país tuviera nombre y apellido? Nada más fácil que encontrar enemigos evidentes, claros y etiquetables. Poner las cosas en blanco y negro y cerrar el capítulo. Sería fantástico, pero completamente irreal.

El enemigo a vencer no es el que no piensa como nosotros, ni tampoco lo fue el PRI local que controló con mano férrea un solo hombre hasta hace unas semanas.

Tampoco lo es el PAN, el partido del presidente Calderón o el dividido PRD y sus múltiples corrientes. No son López Obrador ni sus seguidores el peligro para México, ni tampoco los perredistas que no piensan exactamente como él.

Sería tan simple que el enemigo a vencer fuese tan sólo el crimen organizado,las policías ineficientes y corruptas,los sindicatos, los monopolios o las poderosas televisoras.

No lo es Peña Nieto y su campaña publicitaria telenovelera, ni sus altos números en las encuestas, como tampoco lo son Moreira, Beatriz Paredes o Manlio, que temen, critican y despotrican contra las alianzas electorales, a las que llaman perversas y contra natura cuando a ellos no los favorecen, aun cuando las han utilizado siempre que les conviene, ya sea con el Verde, con el PT o con el Panal, como si en política no fueran naturales las alianzas en momentos estratégicos, como le funcionaron a Lula en Brasil y a la España de la transición del posfranquismo con Adolfo Suárez.

Lástima, pero no es sencillo ni fácil poner nombres y apellidos a los que nos impiden avanzar, simplemente porque somos nosotros mismos, miles de mexicanos desencantados, desinteresados, conchudos y poco participativos,que sí podríamos hacer algo, esos enemigos ocultos y por eso invencibles.

Nos aferramos a nuestras pequeñas agendas personales y nos hemos olvidado casi por completo de una agenda común que posibilitaría la creacion de un México mejor y más justo.

Por ejemplo, los empresarios. Sus agendas suelen abarcar sólamente la defensa de sus intereses gremiales, pero no se aplican ni se empeñan en aportar el poder fáctico que podrían ejercer, en exigir mejores condiciones de transparencia, rendición de cuentas o reformas legislativas estratégicas.

Ellos cierran su agenda cuando resuelven sus problemas y se desentienden de una agenda social que podrían empujar y promover.

Las universidades deponen en gran medida su papel de contrapeso a los enormes poderes públicos y apenas ahora, por lo menos en Puebla, retoman el poder de contrapeso sano que olvidaron en el pasado, pero que es necesario ejercer con generosidad e inteligencia a los gobiernos en funciones.

No se trata de ser contestatarios porque sí; se trata de que la razón y el pensamiento luminoso asalten de manera abierta las aulas y que las autoridades de las universidades, en especial las públicas, exhiban una independencia intelectual y real de la que estamos urgidos.

El enemigo a vencer son los dueños de los medios de comunicación que trafican sin pudor lo que se dice o deja de decir en sus foros; pero también todos aquellos que teniendo un foro en donde decir algo se callan por comodidad o por miedo.

El reto para jueces y diputados y para los poblanos será trabajar para fortalecer la indepenencia de poderes aprendiendo a usarlos apegados a la ley, evitando que de nuevo pierdan su independencia y el necesario contrapeso que deben ejercer unos sobre otros para tener un ambiente democrático que debemos reconstruir.

El enemigo a vencer sería la concentración de poder en unos cuantos y la sujeción de los poderes Legislativo y Judicial hacia el Poder Ejecutivo.

El enemigo a vencer sería un PRI que se negara a democratizarse, o un PAN gobernado por una cúpula de iluminados que impidan que su partido crezca y se fortalezca. El enemigo a vencer no son los buenos o bien intencionados militantes de partidos pequeños, sino los líderes que venden los movimientos e ilusiones de sus militantes. El enemigo a vencer es la incapacidad del PRD para construir una izquierda seria, el que se trenza en disputas inacabables que les impider a veces ejercer el poder que ya tienen...

Más allá de todos estos que podrían ser los enemigos evidentes, los chivos expiatorios de todo lo malo que nos acontece, está un ciudadano dormido: el enemigo a vencer somos todos los que pudiendo hacer algo, no lo hacemos.

El enemigo a vencer lleva tu nombre y el mío, y el de todos lo que han dejado de hacer lo posible porque les parece inútil o poco, como si cada acción no sumara y ayudara a cambiar para bien nuestra pequeña realidad.

El enemigo a vencer es el no pensar en plural, en un “nosotros” que construye y anima.

El enemigo a vencer está en nuestra casa y en nuestro corazón, es tu cara en el espejo y lleva tu nombre.

12 de marzo de 2011

Palabras como Libros: Diablo Guardián de Xavier Velasco

Esta primera entrega de la sección de este blog "Palabras como Libros", pretende simplificar el desarrollo literario de una obra a través de las frases que mayor impacto pudieran tener en la historia misma del texto, o mejor aún, en la historia del lector. Espero que les sea útil por lo menos en algo, "yo lo hago para matar el tiempo antes de que él me mate a mí". Lean, entiendan y ejecuten las frases aquí citadas, pero por ningún motivo dejen de leer los libros.

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"El dinero engaña a todos, en especial al que lo anda cargando".

"Necesito un dios a mi medida, un dios con membresía a mi club".

"Una cosa es que te mueras y te vayas al infierno, y otra que aquí en la Tierra se entere todo el mundo".

"Todo buen verdugo se obliga a vivir por siempre enmascarado".

"Igual que los burdeles, los periódicos duermen por las mañanas".

"Eres una ingeniosa aliada de tus sepultureros".

"¿Quién tiene tiempo y estómago para desperdiciar la vida hablando de cosas verdaderas?".

"Soy una materialista inconveniente, una zorra inconquistable".

"El verdadero sexo ocurre no a partir del coito, sino del despegue".

"¿Cómo puedes saber tanto de mí, tú que no sabías nada?".

"Los muertos frescos siempre están en todas partes".

"No tengo más tarifa que la del placer".

"...Cuando me ves de reojo con esos ojos insolentes".

"No puedo escuchar el grito de la civilización porque estoy concentrado en atender el grito de la selva".

"El hambre huele peor que la comida descompuesta".

"Si yo tuviera un gato, lo querría muchísimo, pero te seguiría queriendo más a ti".

"Qué lástima que mis mejores sentimientos me hagan vomitar".

"La gente se enamora y no vomita, por eso se enamora".

"Si a esa tal le quedaba algún rastro de sangre en las venas, tenía que ser sensible a los tulipanes".

"No sé si es nostalgia o cargo de conciencia".

"Si desea condenarme, su señoría, écheme de una vez el cargo con todo y agravantes".

"¿Por qué dice 'arf'' en vez de 'guau'? ¿De qué clase de perra estás hablando?".

"Nunca he reconocido todo lo que te necesito, me molesta la idea de tener que justificarme frente a mí".

"Dime cuántas mentiras cuentas y te diré qué tan esclavo eres".

"Siempre puedes estar mejor o peor de como estás".

"¿Te conviene convenirme?".

"Es como querer cargar a un gato callejero".

"No hay en este mundo situación más jodida que la de un hombre solo en una mesa con un cigarro de mujer a medio terminar".

"Fuck you, I don't pinche need you".

"¿Has escuchado una canción muchas veces seguidas sólo para seguir llorando?".

"La mentira triunfa de cualquier forma".

"Con tal de seguir pareciendo conveniente ante tus ojos, podría hacer verdad cualquier mentira, y defenderla cual sólo se defienden las intensas certezas".

"Lo único que sé hacer bien es portarme mal".

"¡Edecán tu mamá que parió puros gatos!".

"Chinga tu madre, pero estoy de acuerdo".

"¿Te imaginas a dios haciéndose que la virgen le habla?".

"Cuando hay una persona que te agrada, lo que más quieres es creerle cualquier cosa que te cuente. Sobre todo si en ese momento te está besando encuerada".

"Decidí enamorarme de ti, no porque imaginara las cosas que tú hacías, sino al contrario. Bien que lo sospechaba, por eso te escogí".

"Tú eres mi tesis de novelista".

"Emponzoñado de felicidad".

"Hay que saber distinguir lo enorme de lo imenso: Enormes son las cacas que pisas y maldices. Inmenso es solamente la maldición de vivir entre la mierda".

"Eres el poeta del copy".

"Una cosa es comerme la mierda que me dan y otra rogarles que me sirvan el segundo plato".

"No te quiero, te codicio".

"Dos personas se entienden con el ceño aquejado de un súbito rencor, cuando dan y reciben la cantidad precisa".

"Tienes el defecto de provocarme todo menos saciedad".

"Lo que fuera por estrellarme con tu sonrisa".

"No soy sino la voluntad al acecho de mis propios impulsos".

"¿Cómo se asciende por un muro que se incendia si no se tiene una ventaja extra contra la desgracia?".

"Sustituir una verdad odiosa: 'la necesito'; por una invención heróica: 'me necesita', y ponerse a salvo del asedio de las dudas".

"El más leal de los traidores".

"Un enemigo tan imbécil como invencible".

"Abajo de la cama todo triunfo es relativo".

"No sabía mucho del amor, aunque lo hiciera tan seguido".

"Buscabas el amor con muchísimas ganas de no encontrarlo".

"Que los ángeles y los demonios me ven con la misma desconfianza".

"En este mundo de mierda la decencia tiene que esconderse para sobrevivir".

"Cuando te compré o cuando te conocí".

"Has sido la mejor mentira de mi vida".

"Mírame bien, no soy Superman".

"Lo que es tú y yo no armamos un nosotros".

"Un novelista debe estar a la altura de su historia".

"¿Qué hago metido en una historia de putas, padrotes y asesinos?".

"Soy ofensivamente libre".

"Es la prueba que exige la dama al caballero para poder confiarle los secretos de su cuerpo".

"Se aprende a ser puta en la soledad".

"Tienes cuchillos en la lengua".

"Tú eres de los que matan y se asustan de ver el cuerpo".

"¿Me veo guapo desangrándome?".

"El subsuelo de la memoria, donde nunca hay por qué rascar".

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10 de febrero de 2011

El discurso de Carmen Aristegui

Muy buenos días, amigos ciudadanos, colegas y periodistas. Me permitiré dar lectura a un texto que he escrito para asumir una postura pública sobre mi despedida del noticiero matutino de Noticias MVS, ocurrida este fin de semana, asunto que ha generado múltiples muestras de solidaridad que desde aquí agradezco.

Este es un suceso que, si bien afecta la vida profesional y laboral de un grupo de personas –entre las que me incluyo–, tiene una trascendencia mayor a ese mero alcance limitado. Sobre lo que quiero pronunciarme es sobre el alcance mayor de este evento que impacta de diversas maneras a la sociedad mexicana. Una sociedad que en estos días y horas ha dado muestras de determinación y capacidad de respuesta frente a un hecho que la agravia y que lesiona sus derechos fundamentales. La vigorosa, fuerte y decidida voz de miles de personas en las redes sociales –Twitter, Facebook–, otras modalidades y las manifestaciones en la calles son, en sí mismas, un gran acontecimiento. La gran noticia de que estamos vivos; de que los mexicanos, a pesar de la espiral de violencia, muerte y horror que nos acompaña todos los días, estamos aquí para reconocernos en el espejo y luchar por un México mejor. Agradezco todas estas expresiones y celebro aquí, entusiasmada, su existencia y el signo vital que las acompaña. Abrazo a quienes en todos los tonos y con los diferentes lenguajes se han manifestado en contra de lo que es, a todas luces, un hecho autoritario, desmedido e inaceptable. Un hecho así sólo es imaginable en las dictaduras que nadie quiere para México: castigar por opinar o por cuestionar a los gobernantes. El tema nos pega a todos. No sólo nos afecta a nosotros como profesionales y a los ciudadanos a los que se les quita un espacio. Se afecta también a este medio de comunicación y al grupo empresarial que desarrolla diversas actividades productivas a favor del país. Este grupo está encabezado por una familia a quien estimo y valoro. Fundada por uno de los hombres más queridos y respetados de la industria como fue don Joaquín Vargas Gómez. Lamento sinceramente que sus nombres están siendo acribillados con insultos en las redes sociales por la decisión tomada.

Tenemos que preguntarnos ¿por qué sucedió esto y cómo fueron las cosas? El pasado viernes 4 de febrero en mi libre derecho a la expresión formulé un comentario editorial que aludía a un incontrovertible hecho noticioso. A raíz de lo ocurrido en la cámara de diputados el día anterior, cuando un grupo de legisladores exhibió una manta con la foto de Felipe Calderón con los ojos enrojecidos en la que se leía: “¿Tú dejarías a un borracho conducir tu auto? No, ¿verdad? ¿Y por qué lo dejas conducir al país?” Naturalmente se produjo una gran rispidez que orilló a suspender la sesión en el recinto legislativo. Había ahí ya una historia que contar a nuestras audiencias. Mi compañero Omar Aguilar presentó con gran profesionalismo ese hecho noticioso con pulcritud, con claridad y con suficiencia. Jamás ocultó ni la manta, ni el contenido de la manta, ni a los autores de la manta. No truqueó nada para que los televidentes y radioescuchas no se enteraran de lo que decía la manta. No trampeó con nadie y presentó al público, como el público merecía, todas las expresiones que en diferentes sentidos se emitieron al respecto. Nuestro auditorio quedó perfectamente informado del acontecimiento y con elementos suficientes para hacer su propia valoración de las cosas. La información presentada me sirvió a mí de base para formular el citado comentario editorial: “dejemos a un lado la caricatura”, dije, “tomemos el asunto con seriedad”. E hice algunas otras consideraciones y terminé con un cuestionamiento formal a las autoridades: “¿tiene o no problemas de alcoholismo el presidente de la República?” Yo no tengo manera de corroborarlo, pero si fuera el caso sería algo delicado que deberíamos saber. No hay nada de ofensivo en la interrogante, especialmente si se trata de algo que, de existir, afectaría por su naturaleza la toma de decisiones que impactan en todo momento a millones de personas en el país. El comentario editorial cerraba diciendo que el tema, y dada su exposición pública a través de la manta de los legisladores merecía una respuesta seria, formal y oficial de la propia presidencia de la República. La presidencia no respondió a la periodista; de inmediato exigió a los dueños, que no a la periodista, una disculpa pública inmediata por la tremenda osadía. Demostró con ello un grado de irritabilidad e intolerancia que por sí mismas hablan de algún tipo de problemática que, por supuesto, también deben ser analizadas.

Reconozco que el cuestionamiento era duro, pero de ningún modo injurioso o difamatorio. Tampoco se transgredía al código de ética que ha sido aludido. Era simple y llanamente la formulación de una pregunta válida, pregunta hecha por una periodista cuya intención quedaba perfectamente delimitada, el estado de salud y grado de equilibrio de un mandatario por supuesto, que es un asunto de claro interés público. La sociedad mexicana tiene derecho a saber con certeza. Sin ofensas, sin caricaturizaciones sobre las condiciones de salud de quien ha tomado y seguirá tomando todos los días decisiones gravísimas que impactan sobre el destino de una nación. ¡Y vaya que si ha impactado el destino de la nación las decisiones tomadas desde Los Pinos en este sexenio!

El motivo de mi despedida, se dijo, fue haberme negado a dar una disculpa y haber transgredido el código de ética de la empresa, cosa que es falsa y se convirtió sólo en una coartada. En este momento no sólo no rectifico, ni me disculpo porque no hay nada que disculpar, sino por el contrario ratifico la pertinencia de que la presidencia de la República se manifieste al respecto. Lamento sí, personalmente, que el presidente y su familia se hayan sentido ofendidos por el cuestionamiento. No hubo ni hay en la formulación de mi pregunta ninguna intención o ánimo de ofender. Lamento que ellos se hayan sentido ofendidos, si así ocurrió, pero aun así la pregunta sigue vigente.

El ejercicio del poder hace que las figuras públicas sean sujetas a escrutinios e interrogantes a las que no estarían sujetas otras personas por razón, precisamente, de sus responsabilidades y del impacto de sus decisiones. En una democracia esto forma parte del juego. ¿No tuvo Bill Clinton que hablar de semen depositado en el vestido azul de una muchacha ante una audiencia de millones de personas?, ¿no acaso el estado de salud de Dylma Rousseff fue motivo de debate público antes de llegar a ser la presidente que es?, ¿acaso no son las francachelas y excesos de Silvio Berlusconi materia de debate nacional?, ¿por qué en México los empresarios de los medios pueden ser sometidos a presiones indebidas para que silencien a los comunicadores?, ¿por qué la sociedad mexicana se tiene que conformar con una sola visión de las cosas?, ¿por qué fatalmente tenemos que vivir con la existencia de un duopolio televisivo que no sólo envilece las pantallas con programas denigrantes y nocivos, como los de reciente estreno, sino que es ya en sí mismo un poder que ha dañado la vida democrática nacional?, ¿por qué México está entrampado en una espiral de degradación e infamia sin que hagamos nada al respecto?, ¿por qué, como dicen los firmantes de una de las cartas de protesta publicadas en estos días, seguimos dejándonos conducir de esta manera al país?, ¿qué clase de democracia es esta que por un comentario editorial que irritó al gobernante se le corta la cabeza a quien opinó?, ¿por qué desde el poder político pueden llevar las cosas al extremo, escalando el conflicto, deliberadamente, hasta lograr hacer las cosas imposibles, tanto al empresario como a la periodista ocasionando la ruptura?

La pregunta es: ¿cómo es que pudieron elevar desde Los Pinos el grado de exigencia pidiendo casi la humillación por un hecho absolutamente sobredimensionado?, ¿cómo es que a un empresario, a quien tenemos por decente, lo llevaron a comportarse de esa manera?, ¿cómo pudieron lograr que se sintiera obligado a tal punto como para exigirme la lectura de una carta, obviamente no escrita por mí, en términos que me eran ajenos y por supuesto no empataban con lo que dictaba mi conciencia, para satisfacer la ira presidencial?

La exigencia de la lectura indigna de esta carta, que quien me la formuló sabía de antemano que yo rechazaría. Se llegó a ese extremo por el grado de vulnerabilidad en la que quedan quienes tienen negocios o concesiones en el mundo de las telecomunicaciones y los medios de comunicación en México. Ese es el tema verdadero. En este caso hay un conjunto de concesiones en juego, y la resolución final sobre lo que pase con ellas se encuentra en el cajón del presidente. Lo que debería ser técnico, jurídico y legal, en la realidad es un asunto político y discrecional. La aprobación, que ha pasado ya por todos los filtros legales y técnicos, para aprobarse, está sujeta a la venia final del presidente, y ni siquiera a la venia final del presidente, sino a la venia final de quien, a su vez, presiona al presidente. Es decir, a los poderes dominantes con las telecomunicaciones cuyo poder desmedido impide la entrada de nuevos competidores y a los que existen les hacen la vida verdaderamente imposible. Si existe a nuestros días un elemento que condiciona y distorsiona la relación de los medios con el gobierno es esta discrecionalidad, esta discrecionalidad política en la toma de decisiones en materia de refrendo y otorgamiento de concesiones en el ámbito de las telecomunicaciones. Es esta una de las razones fundamentales por las cuales en México no se despliega a plenitud un derecho fundamental como el de la libertad de expresión. Asuntos que deberían resolverse con la mayor certidumbre jurídica en materia de plazos, planes de cobertura, planes de negocios y de inversión terminan siendo asuntos de decisión política y no de las áreas técnicas en la materia. Es el caso de las concesiones que en la banda del 2.5 gigahertz tienen varios operadores en el país, del que MVS Comunicaciones posee la mayoría de ellas. No obstante haber ya desahogado todos los requerimientos técnicos en materia de competencia, de la opinión favorable de algunos comisionados de la Cofetel, y de la opinión favorable de la Cofeco y de tener a la espera, con riesgo de perderlas, cantidades millonarias de inversionistas nacionales y extranjeros, a pesar de tener todo en regla y un mercado demandante, indebidamente, inexplicablemente la decisión se ha retrasado por cinco años. Teniendo todo en regla no hay razón técnica, tecnológica, jurídica ni económica que hoy no esté suficientemente satisfecha. La única razón que hoy impide a MVS Comunicaciones desplegar una red nacional de ancho de banda para internet que compita con los grandes conglomerados es total y absolutamente política. Porque se coloca como una espada de Damocles en la vieja tesis autoritaria de la zanahoria y el garrote: “Te portas bien, te refrendo la concesión; te portas mal, la detengo o te la niego”. Este es el ambiente de presión en el que se desenvuelve la relación no sólo de los concesionarios con el gobierno, sino es el ambiente en el que se desenvuelve el trabajo y el desempeño profesional de cientos de profesionales en su relación con las empresas de comunicación. Esa es la batalla diaria. En la medida en que los comunicadores y los empresarios batallan frente al gobierno, en esa medida las audiencias ganan o pierden en información. Lo más grotesco y paradójico de esta realidad es que los que más se benefician de esta herencia del viejo régimen son los grandes monopolios que ahora son capaces de mantener este diseño para evitar a los nuevos competidores y aquí aparece, de nueva cuenta, la enorme responsabilidad de un poder legislativo que ha preferido el mantenimiento de las reglas no escritas en lugar de una legislación moderna que dé certidumbre jurídica a los empresarios, tutele los derechos de los periodistas y garantice el derecho a la información de todos los ciudadanos. Agradezco, por cierto, desde aquí el debate de ayer y los pronunciamientos desde el Congreso que se hicieron por parte de los legisladores, sobre el caso de nuestra despedida de MVS noticias. Sin embargo, no sirve de mucho a la democratización de los medios de comunicación condenar la censura si al mismo tiempo se coexiste con leyes que podrían y deberían ser modificadas en beneficio de la población y no de unos cuantos.

Sobre este ambiente de presión del gobierno hacia algunas empresas de comunicación actúa un fenómeno aún más grave, más grave que el antiguo control estatal sobre los medios, se trata del debilitamiento del estado y de sus instituciones por virtud de una supeditación política que parte desde la presidencia de la Republica, atraviesa las Cámaras del Congreso, amplias franjas del poder judicial, órganos reguladores a manos de los nuevos poderes informales o fácticos que han logrado imponer su lógica de chantaje e intimidación, porque eso es lo que es, que los ha llevado a niveles de audacia y en un cálculo de poder para sustituir, por lo menos parcialmente, a los poderes de la República. Ahí está, por ejemplo, una tele bancada. Ahí están, por ejemplo, los sujetos reguladores capturados por sus regulados. Como nunca en la historia del Estado mexicano se ha dejado crecer a estos poderes en México que han llegado a tal punto –a la osadía, diría yo– de querer también apropiarse de la propia presidencia de la República. De otra manera no se explicaría la multimillonaria inversión que han hecho de construirle una candidatura presidencial al gobernador mexiquense.

El trasfondo de lo sucedido en nuestro caso y que ha generado todas esas reacciones tiene que ver precisamente con este clima. Por esa razón es que una empresa decide, en sentido contrario de sus intereses, cancelar en el momento de mayor expansión, de mayor prestigio, de mayor influencia, un espacio de información critica, de debate y de opinión, que ha sido valorado por los anunciantes y sus audiencias. Por eso toma una decisión suicida. Como tantas otras, ésta es una empresa sometida indebidamente a una presión incompatible con un régimen democrático y con un Estado de Derecho. Mientras no cambiemos las estructuras que están en la base de esta relación insana, escuchas con influencia crítica se ven permanentemente hostilizados y en conjunto los medios de comunicación terminan por estandarizar o uniformar sus coberturas informativas. Se achata la libre expresión. Se merma el debate, se inhibe la conducta crítica. Eso daña severamente la democracia, y por supuesto los derechos fundamentales de las y los ciudadanos de este país.

Y bueno, me dirán “¿ahora qué hacemos con lo sucedido?” Aceptemos lo sucedido, que no le viene bien a nadie u optamos por la ética de la responsabilidad y buscamos un camino. Buscamos un camino sin claudicar, pero sin exigir que el otro se arrodille. Joaquín Vargas sabe perfectamente que yo no infringí ningún código de ética, sabe lo que sucedió, sabe que fue una coartada. Sabe, porque lo sufre todos los días, de las razones verdaderas que están detrás de esta decisión que están a punto de cortarnos la cabeza. Y digo a punto porque voy a plantearle una salida digna, decorosa e inteligente. Ya sabrá si la toma. Joaquín sabe como pocos de lo que estoy hablando. Le digo a MVS que no le demos gusto a los que saborean este fracaso. Lo sucedido entre el viernes y el fin de semana, entre Los Pinos, nuestras oficinas, no sé si también en otras, la destilería y el Meridien, es algo que no se merece nadie, que nos daña a todos y que para lo único que va a servir es para el desahogo absurdo de un berrinche presidencial y para el beneplácito de los que prefieren que nadie compita, que nadie cuestione o que se cuestione poquito. No se lo merece un grupo de profesionales que estaba haciendo su trabajo que se ve brutalmente interrumpido. No se lo merecen por supuesto las audiencias. No se lo merece la familia Vargas porque han sido colocados en una disyuntiva perversa en donde tienen que calibrar como grupo empresarial qué les cuesta más frente al gobierno y poderes que lo presionan, si la cabeza de Aristegui o la banda de los 2.5 gigahertz. No se lo merece el país.

La Asociación Mexicana de Derecho a la Información, la Amedi, a la que pertenezco y preside el maestro Raúl Trejo Delarbre, ha dicho que la salida nuestra del aire es una pésima noticia para la sociedad mexicana. “La decisión que cancela ese espacio radiofónico es desafortunada para todos. Pierde la empresa MVS, cuya independencia editorial queda en cuestión debido a la supresión de ese espacio crítico. Pierden la periodista y su amplia audiencia. Pierde la presidencia de la República, de donde surgieron las exigencias para que Carmen Aristegui se disculpara por un comentario que hizo el viernes 4 de febrero”. Amedi exigió a la presidencia que con hechos, y específicamente en este caso, garantice el derecho a la libertad de expresión, así como el derecho de los ciudadanos a la información. Solicitó a MVS que reconsidere el despido de la periodista. Y es exactamente lo mismo que solicito a ellos ahora desde aquí. El país no está más para seguir perdiendo los espacios que hemos ganado. El país no está para que se nos sigan regateando los derechos que nos pertenecen. México atraviesa por un momento crítico, el nivel de descomposición, de violencia y de debilitamiento institucional es profundamente grave como para quedarse parado. No nos puede ganar el pasmo cuando el futuro de México se ha ensombrecido. Nos necesitamos informados, en alerta, críticos; no nos podemos dar el lujo de tirar por la borda lo ganado ¿a cuenta de qué lo justificaríamos?

Nuestra transición democrática ha adquirido un cariz trágico, los niveles de violencia, de descomposición y de degradación de la vida púbica están llegando a niveles de escándalo. La clase política mexicana que no ha estado a la altura de los retos y los desafíos nacionales parece no darse cuenta del avance de estos nuevos fenómenos de poder que han carcomido y debilitado como nunca sus estructuras. ¿Dejamos que sigan avanzando sin contraponer una fuerza social que por lo menos los identifique, los discuta, los analice, los denuncie? ¿Nos quedamos a la sombra de políticos sometidos a intereses particulares porque antes que gobernar bien hay que salir en la tele?, ¿o de gobernantes timoratos e irresponsables que lejos de atemperar las concentraciones monopólicas las han hecho crecer más creando monstruos de poder que los tienen sometidos y frente a los cuales no se atreven a dar ni un paso?

Esta mañana hago un llamado a revertir los efectos de este hecho ominoso. Yo tiendo la mano y escucho a los que están en la calle y me dicen “tienes que regresar”. Estoy dispuesta a regresar al aire este lunes siempre y cuando se cumpla con una condición única y básica: que MVS anuncie que retira de forma oficial el comunicado emitido junto con mi salida en el cual afirma, falsamente, que trasgredí nuestro código de ética y que promoví la difusión de rumores como noticias. Como consecuencia de ello pido que se publique otro comunicado oficial de la empresa en donde la valoración sobre mi integridad ética y profesional que pretendieron dejar en entredicho quede resarcida. Si MVS acepta hacerlo, se reconocerá tácitamente la naturaleza real de lo sucedido. Con eso sería suficiente. Joaquín lo sabe muy bien: que mi integridad profesional y ética nunca estuvo en entredicho realmente, que fue una coartada para tomar una decisión que le imponían, que el verdadero problema está en otro lado. Regresemos al aire y quedará evidenciado. La presidencia tendrá que hacer una valoración de lo sucedido, serenamente, sin odios, con la seriedad que implica tomar decisiones a nombre de los otros y aceptando, aunque no guste, que los ciudadanos y los periodistas tenemos derecho a preguntar, a inquirir y a criticar sobre lo que juzguemos pertinente.

Estoy aquí para hacer este llamado, para revertir un hecho ominoso como el que sucedió de manera digna, decorosa e inteligente, apostando por la verdad pero sin romper lo construido. Mi muy querido amigo Jorge Ramos escribió hace tiempo un texto magnífico que tituló “el derecho a preguntar”. Recordaba ahí a la maestra Oriana Fallaci, quien decía que no debía existir ninguna pregunta prohibida. Todo se puede preguntar, con mayor razón si se trata de preguntar a gente con poder. Jorge contaba también de una entrevista realizada al presidente Vicente Fox. Había interrogantes en el ambiente de por que parecía desanimado, sin ímpetu, sin grandes propuestas. El periodista le pregunto al mandatario, sin con ello alimentar rumores sino tratar de clarificarlos: ¿toma Prozac? Le preguntó, Fox miró al periodista y contestó simplemente “no”. Por supuesto que no le gustó la pregunta, pero la contestó. Tal como escribía Ramos, no hay pregunta prohibida. No hay pregunta tonta, y cuando surge la oportunidad, hay que hacerla aunque sea la última vez.

A partir de aquí cierro mi comentario; no agregaría más porque el planteamiento está formulado y lo que resta es esperar una respuesta. Muchas gracias a todos.

*Leído el miércoles 9 de febrero en Casa Lamm

Actualizado ( Jueves, 10 de Febrero de 2011 09:21 )

Abróchense los cinturones. El Barça de Guardiola

Por Juan Villoro

El Barça de Guardiola

Cuentan que Oswaldo Zubeldía, legendario entrenador de Estudiantes de la Plata, amaba tanto los resultados que cuando su equipo ganaba 1-0 sentía que había cumplido su misión. A partir de ese momento, no le interesaba otra cosa que aniquilar el juego.

Cuando enciende su mejor puro y ficha a un entrenador, el presidente de un club no espera obras de arte ni una coreografía sobre el césped, sino resultados que salven su cabeza ante los socios.

Aunque no tenga la pasión resultadista de Zubeldía, el técnico es rehén de la estadística. Puede ser tan filósofo o tan poético como le dé la gana, siempre y cuando las teorías y las musas contribuyan al marcador. Sumar puntos es la áspera obligación del hombre que piensa al borde de la cancha.

Helenio Herrera se veía a sí mismo como un Zeus provisional, que gritaba insultos geniales y hacía ademanes más eficaces que los rayos. Incluso este hombre convencido de su inspiración, comentó resignado: “Si se puede ganar jugando bien, estoy conforme, pero a los quince días se olvida si el partido ha sido bueno o malo. En la tabla queda el resultado, eso es lo que cuenta”.

¡Difícil oficio el de los artistas que sólo perduran si salen del estadio con tres puntos! La creatividad depende de un impulso gratuito, de la búsqueda del placer, de la obtención de una belleza que no siempre es útil. ¿Hay espacio para ella en un deporte que exige cuentas favorables?

Pep Guardiola

Como el poeta que reinventa su libertad entre las catorce rejas de un soneto, Pep Guardiola es responsable de un sueño que se mide en números.

Una arraigada tradición ha convertido al F. C. Barcelona en una entidad altamente competitiva a la que no le basta ganar. El buen juego es parte de su temperamento. A diferencia de hinchadas que aplauden inocuos lances de fantasía y odian la vulgaridad de ser campeones, los aficionados culés aman la victoria, pero no a cualquier precio.

El 8 de mayo de 2008 Josep Guardiola se hizo cargo de un equipo que dormía una larga siesta después de haber alzado el trofeo de la Champions en París el 17 de mayo de 2006. Sus credenciales como entrenador eran buenas y breves. Había logrado que el Barcelona B ascendiera de Tercera a Segunda División B, con un estilo de juego del que se hablaba muy bien, pero que pocos habían visto.

Entrenador Barça

Su fichaje parecía más emocional que deportivo. El niño nacido en el pueblo de Santpedor era un candidato perfecto para apaciguar el fuego en torno al presidente Joan Laporta, al que se le exigían trofeos después dos temporadas de sequía.

En el currículum barcelonista de Guardiola sólo faltaba haber sido el niño que corona la pirámide humana de un castellet en las verbenas populares. En su infancia fue recogebolas en el Camp Nou y desde niño vivió en La Masia, la casa-escuela donde se forman los cracks del Barça. En otras palabras, se trata de un canterano de cuento de hadas. No hay que olvidar que los hermanos Grimm ampararon sus cuentos bajo el lema: “entonces, cuando desear todavía era útil”. La infancia es la edad en que los deseos son útiles. Ahí regresa el hincha en los días de gloria y de ahí viene Guardiola. A los 38 años conserva los ojos del niño que veía con azoro a los gladiadores en la cancha y aspiraba a devolverles el balón.

Guardiola y el 4

Como jugador, Guardiola creció para reinventar el número 4: un táctico rezagado. Cruyff le prohibió retener la pelota. Lo suyo no era el regate, sino la inteligencia rápida. En su condición de volante que construye desde atrás, pasó por el fútbol como descubridor de huecos. Sus diagonales se dirigían al sitio sin nadie donde aparecía un compañero. Ante una fórmula eficaz, los matemáticos hablan de una solución “elegante”. Guardiola desplegó la elegancia de la hipotenusa y recordó que al Camp Nou se llega por la Avenida Diagonal.

Nadie podía dudar que el olímpico que conquistó la medalla de oro en Barcelona 92 y ese mismo año levantó la Champions en Wembley, fuese un digno representante de la casa. No en balde había salido al balcón de la Generalitat para gritar como su tocayo Tarradellas, presidente de Cataluña después del franquismo: “ja la tenim aquí!”, en referencia, no a la ley, sino a su variante con baño de oro: la copa de la Champions.

Pero las cosas también podían torcerse. Después de ser el chico consentido del dream-team, Guardiola sufrió lo suyo en la liga italiana, donde fue injustamente acusado de dopaje. De ahí se fue a tragar polvo y malos ratos a los desiertos de Qatar y Sinaloa. Sus últimos años como futbolista no representaron un esplendor en la hierba. Y sin embargo, era el optimista de siempre, que encomiaba las bondades del juego abierto, la valentía de enfrentar a los rivales, la nobleza de pertenecer a un grupo. Estos méritos no convencían del todo a un sector del barcelonismo, amigo de las decisiones duras y de resolver los enigmas con riñones.

Para algunos, era al nuevo míster le faltaba experiencia y le sobraba sofisticación (“¡que lea menos y que juegue, coño!”) para lidiar con los medios, los egos del vestuario, los enemigos armados hasta los dientes.

El fútbol produce una vejez rápida. La jubilación del crack llega muy pronto; antes de los cuarenta, queda confinado a administrar sus recuerdos o una parrilla de churrascos. Sin embargo, quienes optan por entrenar se conservan como momias en perfecto estado de neurosis. En cada partido están más arrugadas, pero no dejan de gritar. El fútbol es una actividad donde el pésimo carácter del técnico parece signo de clarividencia. De Mourinho a Luis Aragonés, abundan los hombres con rapidez para el insulto. El respeto que provocan no es el de las ideas, sino el de quien tiene el cuchillo más afilado para rebanar jamón.

Guardiola asumió una profesión donde muy pocos son delgados y casi todos tienen la piel reseca de los que han sufrido muchas lluvias y tomado decisiones de angustia.

En el verano de 2008 vino la pretemporada. Como el Fausto de Goethe, el Barça de Guardiola tuvo su prólogo en el cielo. Los partidos amistosos se ganaron por goleadas, el debut en la Champions ante el Wisla trajo un 4-0 de ensueño y el trofeo Gamper se conquistó con gol de último minuto, ante un formidable Boca Juniors.

En un memorable diálogo con Sergi Pàmies, celebrado en Caixaforum a fines de 2006, Guardiola dijo que hay dos tipos de entrenadores: los que resuelven los problemas y los que prefieren que los problemas se resuelvan solos. Ya sabemos a qué rango pertenece. Su deseo de intervención se ha visto en cada jugada y cada entrenamiento. Convencido de que Dios está en los detalles, no se conforma con el buen juego. Si Piqué tarda en amarrarse los botines para salir al campo, lo regaña con furia de perfeccionista.

Cuando aún llevaba el número 4 del Barça, Jorge Valdano describió a Guardiola como “el único entrenador con el balón en los pies”. El estratega práctico también cautivó a Manuel Vázquez Montalbán y Santiago Segurola. ¿Un futbolista para intelectuales, demasiado sensible para un oficio donde los bravos beben vinagre y comen estatuas a dentelladas?

La pretemporada confirmó que el nuevo técnico era mucho más que una elección sentimental. El primer cambio decisivo que aportó fue la actitud del equipo. Después de conquistar la Champions, las huestes de Rijkaard pusieron en práctica la frase de Hemingway: “París no se acaba nunca”. Guardiola no acabó con París, pero sí con la relajación. En beneficio del fútbol y en perjuicio de los vendedores de camisetas, el Barça de los generales en asueto se convirtió en el de los tenientes hiperactivos. Menos individualidades de marca y más marca de equipo.

En agosto del 2008, el partido por el trofeo Gamper se prestaba para una fiesta relajada. Resultaba extraño que las porterías no estuvieran marcadas con mochilas, como en el patio del colegio. Pero el Barça jugó con la fibra que tendría a lo largo de toda la temporada. Esa noche, en su discurso de presentación, Guardiola dijo: “Persistiremos”. Este lema de heavy metal caló hondo en una escuadra que perdía 0-1 pero estaba convencida de que la prórroga es una épica de alto volumen y logró la remontada.

En su discurso, Guardiola usó un recurso exótico en el fútbol; empeñó su “palabra de honor”. Entre las estadísticas del deporte habría que contar a los protagonistas capaces de honrar sus palabras. Seguramente son escasos. Sin duda, Guardiola es uno de ellos.

Guardiola Entrenador

El Barça se había sacudido los fantasmas de parecer una entidad administrativa, un parlamento en crisis o un spa demasiado costoso.

Desde el banquillo de la decisión y la neurosis, Guardiola se decidió a enfrentar el triunfo o el fracaso. No es fácil cortejar a la diosa Fortuna fuera del campo, esa zona del espacio exterior donde nadie puede oír tu grito. “Persistiremos. Abróchense el cinturón y lo pasaremos bien”, dijo el piloto de la nave. Sólo había una certeza al inicio de la temporada: lo que avanzaba era más que un club.

Aunque poco después el equipo perdió su primer partido de la Liga contra el Numancia, quedó claro que estaba magníficamente entrenado. Dos cosas distinguen a un cuadro dominador: la posesión del balón y las oportunidades de gol. Esa noche el Barcelona pudo haber goleado, pero la puntería es tan difícil de entrenar como la chiripa y el equipo blaugrana debutó en la Liga con una derrota.

Los resultados cambiaron al poco tiempo, demostrando que la belleza puede ser una forma de la eficacia. La geometría de los pases llegó como el sello distintivo del equipo, y Guardiola exigió algo que nunca tuvo como jugador: contundencia goleadora. Además, trabajó con las complejas psicologías de los astros. Ignoro lo que le dijo a cada uno y supongo que no se parece a lo que diría el Dr. Freud, pero es obvio que reforzó la pasión competitiva de Eto’o, tuteló a Márquez en plan de hermano mayor, le demostró a Henry que era necesario y en verdad podía quedarse. El mérito esencial, sin embargo, fue darle prioridad al juego de conjunto. Los acaudalados hombres de pantalón corto suelen reaccionar como niños ante las rotaciones: si los sacan del partido es porque no los quieren. Para que entiendan y respeten que deben ser sustituidos es necesaria una disciplina, si no tan ardua como la del desaparecido ejército prusiano o la temible escuela de bailarinas del ballet Bolshoi, al menos como la de un laboratorio suizo. Fue lo que impuso Guardiola.

Si el ornitorrinco parece un castor diseñado por un comité, podemos decir que la mayoría de los equipos tienen diseño de ornitorrincos; su extraño ensamblaje revela las presiones divergentes de los promotores, el director deportivo, el presidente, el entrenador y la esposa del jugador mejor pagado. Guardiola creó un grupo homogéneo, sirviéndose de trabajadores como Puyol, Iniesta o Xavi, que, ganen lo que ganen, siempre serán de clase media y preferirán comer los macarrones de su madre que tomar un avión para cobrar una fortuna en un comercial.

Un alto ejecutivo de Nike me dijo que Xavi es de uno de esos genios del fútbol que, extrañamente, no vende camisetas. Ni siquiera después de ser declarado el mejor jugador de la Copa de Europa adquirió el rango de ídolo mediático. A diferencia de Beckham, que nunca jugará tan bien como en un anuncio de Gillette, Xavi representa el juego colectivo: sus pases existen para justificar a quienes rematan.

Guardiola confía tanto en la supremacía del grupo que en la jornada 27 presentó una alineación inédita. Es capaz de hacer debutar a un jugador en el último partido de la Liga.

Barça 2009

Desde luego, todo depende de ganar trofeos. El Barça de la temporada 2008-2009 logró lo que ningún otro equipo español había podido hacer: ganar la Liga, la Copa del Rey y la Champions. El estilo de juego, en sí mismo meritorio, se sostuvo como una virtud porque los marcadores la ampararon.

Laporta conquistó algo más que un socio sentimental para acallar las críticas. Con Guardiola llegó un proyecto tan definido como los pases que trazó en el campo. Su obsesión por el trabajo lo lleva a una extenuante rutina en la Ciudad Deportiva. Cuando no entrena, contempla videos. El hecho de que no se desconecte puede ser peligroso a largo plazo. A ciertos entrenadores les conviene tener una turbulenta vida personal para pensar en otra cosa después del partido, otros se relajan con el golf, la pesca o paellas excesivas. Guardiola descansa del fútbol con más fútbol. Quizá esta sobredosis tenga que ver con que aún atraviesa una fase formativa como entrenador. No sé si disfruta el doble que nosotros con cada triunfo, pero estoy seguro de que sufre el doble con cada caída.

Aunque esta actitud comporta un desgaste personal, funciona de maravilla con los jugadores. El vestidor lo sigue con fe ciega. Guardiola habla como si el azar no existiera y la pelota rebotara por obra de la voluntad. Aunque se formó con Cruyff, cuyas inspiradas decisiones tenían la gracia de no poder ser explicadas, detesta la improvisación. No sólo prepara los partidos, sino las ruedas de prensa.

Una de las características del Barça de Guardiola es que juega igual en cualquier minuto del partido, sin depender del marcador. Esto se refiere al tiempo, pero también al espacio. Martín Caparrós ha observado con pericia que el Barça borró la noción de área grande. Al llegar ahí, sigue buscando paredes y combinaciones, como si estuviese en media cancha.

Superado el resbalón al inicio de la Liga, el equipo dejó perplejo al espectador curtido en mil batallas. ¿Cuánto tiempo podrían jugar tan bien? “Aún no hemos ganado nada”, advirtió Guardiola cuando recibieron el simbólico título de “campeones de invierno”. Faltaba la segunda vuelta.

Los héroes necesitan de malos ratos para probar de qué están hechos. De pronto, el Barça fue derrotado por equipos de poca monta y por el impredecible Atlético de Madrid. El técnico entró en su primera crisis y su reacción fue encomiable. Reforzó las rotaciones, apeló a los jugadores de la cantera, enfatizó las razones por las que jugaban y la forma en que debían hacerlo. Además, se responsabilizó por completo del destino, quitándole peso a los demás: “El líder soy yo, que me sigan. Sé que ganaremos la Liga”. En los tiempos de bonanza, recordó que no había que celebrar antes de tiempo; durante el bache, renovó su fe en el triunfo.

El estilo de Guardiola es novedoso; se exige mucho a sí mismo y libera a los jugadores. El relajado trato a los demás se advierte en las concentraciones. Los jugadores van a casa antes del partido y cada uno llega al campo en su coche. El técnico ha conocido a suficientes tiranos e iluminados del fútbol para saber que no quiere ser uno de ellos.

Los aficionados, expertos en roer uñas por nerviosismo, cayeron en otra preocupación: ¿no sería Guardiola demasiado responsable? El entrenador trabaja con minucia de artesano. Curiosamente, el resultado de sus fatigas es un sueño. ¿Empeñaba demasiado esfuerzo para mantener viva la ilusión? La inteligencia requiere de reposo. Ludwig Wittgenstein se relajaba viendo westerns. Enemigo de la frivolidad, Guardiola se preocupa. Nadie le ha presentado a esa señora llamada Indiferencia.

Sus allegados saben que cuando razona, se rasca la cabeza. Es buena señal: el Barça está en movimiento. El problema es que no hay descanso. Desde que Ulises padeció la comezón que resolvió con el Caballo de Troya, no había una cabeza más rascada en el Mediterráneo.

Barça-Real Madrid

En la temporada 2003-2004, el Real Madrid de los galácticos puso a prueba los adjetivos de los periodistas. Aquella escuadra de improbable unidad, llegó a la final de la Copa del Rey, estando bien situada en la Champions y con posibilidades de ganar la Liga. En Montjuic perdió la Copa ante el Zaragoza e inició un declive que lo dejó sin premio alguno. El Barça de Guardiola fue diferente; no dependía del estado de gracia de sus individualidades, sino del juego de conjunto que Busquets, Messi, Puyol, Iniesta y Xavi aprendieron de niños en La Masia. En esencia, el mayor logro del equipo es el de una pedagogía, el de una infancia aprovechada en plenitud. No es casual que su único anuncio en el pecho sea el de la UNICEF. Rousseau lo habría dicho a su manera: “es más que un club”.

Cuando era candidato a director deportivo con la plantilla de Bassat, en las elecciones que finalmente ganó Laporta, Guardiola dijo que su desafío era dejar una huella en la arena. Casi todas las huellas son borradas por el mar, pero algunas perduran.

La fundación mítica de Barcelona proviene de una barca. Nada más lógico que el equipo de la ciudad se sirva de la mitología marina. Antes de alcanzar los trofeos, la huella de Guardiola ya estaba en la arena.

Aunque el Real Madrid hizo números de campeón, el Barça se quedó con la Liga, renovó la creencia en el juego de toque y se dio el lujo de golear a domicilio al equipo merengue 2-6. En la final de la Copa del Rey derrotó 4-1 a un enjundioso Athletic de Bilbao. El 27 de mayo se enfrentó a su prueba máxima, la final de la Champions ante el Manchester United, de Sir Alex Ferguson.

La historia del equipo ha tenido que ver con sedes clásicas. Después de Grecia venía Roma. En 1994 el joven Guardiola padeció en Atenas la aniquilación del Dream Team. El fútbol hedonista fue superado entonces por la trituradora del Milán de Fabio Capello. Guardiola entendió la lección a su manera: al Barça le faltó una dosis adicional de arte. 15 años después, Roma trascendió a Atenas.

Arsène Wegner, el francés que entrena al Arsenal con gesto de quien despeja teoremas, pronosticó que la estética barcelonesa no alcanzaría para levantar la copa conocida como “la orejona”. Los primeros diez minutos del partido hicieron pensar que estaba en lo cierto. El Manchester United encontró nerviosos a los artífices blaugranas.

Como Oscar Wilde, Johan Cruyff lanza verdades al modo de paradojas. Antes de la final dijo que tener un estilo era más importante que tener un trofeo. De este modo refutaba y confirmaba lo dicho por Wegner. El creador del Dream Team sugería que ser artista es más difícil que ser eficaz, pero, de manera implícita, aceptaba la posibilidad de la derrota. En 1521 el

Papa Clemente VII llamó a Roma a Benvenuto Cellini para que diseñara monedas. El oro circuló como una forma de la belleza. Fue lo que Xavi e Iniesta hicieron con sus pases el día de la Final. Detrás de ellos, Busquets trabajó como un minero y contribuyó a que se acuñaran las divisas del rey de Roma.

Los méritos de este equipo no se pueden resumir en una evanescente columna periodística, pero no todos los días se esculpe la Columna de Trajano.

Para los exaltados hinchas del Boca Juniors, el público del Camp Nou se parece demasiado al de la ópera: frío y conocedor. El miércoles 27 de mayo, la Curva Sur del Olímpico fue una fiesta. La gent blaugrana llenó las gradas desde una hora antes y sólo dejó de cantar en el camino de regreso, cuando los autobuses ya llegaban a los Pirineos.

Cerca de nosotros causó gran revuelo la llegada de Kluivert. El ex ariete barcelonés se sentó con la majestuosidad de un vencedor de la guerra de Cartago. Como la escena ocurría en la época digital, la estatua tuvo la generosidad de sonreír para las cámaras.

“¡No pasarán!”, decía una pancarta de la fanaticada del Manchester, más presentes en las calles romanas, donde entonaron himnos a deshoras, que en el estadio donde la pelota se convirtió en una isla independizada de Inglaterra.

Como todas las disposiciones italianas, la de no vender cerveza se acató en forma discrecional. Para librarse de la sospechosa evidencia de las botellas, algunos bares sirvieron cerveza en jarras del tamaño de “la orejona”, que podían ser vaciadas si llegaba un inspector.

Barça Campeón

Los aficionados del Roma alzan la pancarta Caput Mundi para recordar al adversario cuál es la capital del mundo. Con el gol de Messi, el Manchester United tuvo que rescribir la sentencia: Kaput Mundi.

Sir Alex Ferguson, que aspiraba a convertirse en el primer estratega que retiene la Champions, fue vencido de modo imprevisto. En el minuto 70, la Pulga Messi remató de cabeza ante el portero Van der Sar. ¿Quién hubiera pensado que Inglaterra perdería por aire? Ajeno a toda determinación física, el fútbol es extraño. El más pequeño vio la ubicación del gigante, y lo pasó por alto. Arrullado por los pases de Iniesta y Xavi, el 2-0 fue definitivo.

El júbilo por el histórico triplete (Copa, Liga y Champions) produjo escenas memorables. Piqué se acercó a la portería sur y cortó las redes como un pescador que ha atrapado una sirena; los jugadores mantearon a Guardiola (el jugador que inició sus días en el fútbol como recogebolas se convirtió en balón); el novato Bojan quiso jugar y chutó a campo abierto, como un niño magnetizado por la posibilidad de estar ahí.

Manteando a Guardiola

En 1994 Guardiola cayó en Grecia ante los legionarios de Capello. En 2009 regresó a Roma para cumplir una sentencia latina: Ars longa vita brevis. En efecto: el arte dura, la vida es breve.

Mientras el Barcelona se confirmaba como el mejor equipo del planeta, en la Ópera de Roma se celebraba la última función de Pagliacci, en versión de Franco Zeffirelli. Cristiano Ronaldo miraba el cielo que no le había sido propicio y los jugadores del Barcelona se tiraban sobre el césped con inagotable regocijo. En la Ópera, Tonio decía la más célebre de sus frases: “La commedia è finita!”

Un año de espectáculo y pasión había terminado. El Barça de Guardiola comenzaba a convertirse en una forma del recuerdo que pronto merecerá la inagotable narración de la leyenda.

8 de febrero de 2011

La wikirrevolución del jazmín

OBSERVATORIO GLOBAL

www.lavanguardia.es

La revolución del jazmín no será tan fácil de doblegar porque es una revolución basada en la libre comunicación

Manuel Castells

Las masivas protestas que derrocaron al dictador tunecino Ben Ali muestran nuevamente el poder de los movimientos sociales espontáneos en un entorno de comunicación digital. El proceso, que en menos de un mes hundió un régimen sólidamente asentado desde 1987, ha seguido una pauta familiar: un hecho dramático desborda la indignación contenida por el temor, suscita manifestaciones que reprime la policía y de inmediato las imágenes de represión y los mensajes de protesta se difunden en las redes sociales de internet, amplificando el movimiento hasta que los medios de comunicación no controlados por el Gobierno –en este caso Al Yazira– informany retransmiten las imágenes ymensajes que cuelgan los manifestantes en YouTube y otras webs. Conforme se difunde la protesta, se activan las redes móviles, los SMS, los twitts y las páginas en Facebook y otras redes, hasta construir un sistema de comunicación y organización sin centro y sin líderes, que funciona con suma eficacia, desbordando censura y represión.

En pocos días, decenas de miles de personas se unieron a Facebook y otras redes sociales. El grupo más popular en Facebook se llamaba “Su gente se está quemando, señor Presidente”. Y eso que ahora los gobiernos ya están avisados y ponen en marcha la ciberguerra y la censura en internet, borrando información en Facebook y bloqueando páginas de activistas, quienes respondieron con humor llamando al “Error 404” –característico de una interferencia informática– el “Ammar 404”, nombre del censor jefe. Pero cuando se desencadena el poder internauta es difícil contenerlo, como muestra la difusión viral de un videoclip del rapero Ben Amor, el General, que animó a los jóvenes a protestar. Y es que la conexión entre juventud y la cultura de internet está en la raíz del nuevo poder popular: en Túnez, como en muchos países musulmanes, la mitad de la población tiene menos de 25 años.

Por eso podemos hablar de wikirrevolución. O sea, de una revuelta cogenerada sin estrategia central, por la simple indignación de miles de jóvenes dispuestos a arriesgar sus vidas. No tanto, como se ha escrito, por el efecto de la revelación de cables estadounidenses por Wikileaks sobre la corrupción del régimen. Porque los tunecinos no necesitaban a Wikileaks para saber la corrupción profunda de su gobierno (la familia controlaba la mitad de las grandes empresas del país). La chispa que encendió la hoguera provino de la rabia subsiguiente a la autoinmolación del joven vendedor ambulante Mohamed Buazizi en la ciudad de Sidi Buzid. Y su suicidio fue un último grito contra la humillación cotidiana a que le sometía la policía local.

En ese gesto de morir por su dignidad se reconocieron muchos jóvenes, incluido otro del que se habla menos, Lahsin Naji, que se electrocutó colgándose de un cable de alta tensión en Sidi Buzid mientras gritaba: “Basta de miseria, basta de paro” (el paro juvenil rebasa el 40%). Cuando la policía ocupó Sidi Buzid, la revuelta se extendió por otras ciudades hasta llegar a Túnez. Y cuando, tras 72 muertos, se dio orden al ejército de disparar, los jefes militares se negaron y se interpusieron frente a la policía política. Conforme se difundían las revueltas, la televisión por satélite, que tenía la mitad de la audiencia frente a la infumable propaganda televisiva oficial, empezó a difundir reportajes especiales –en particular Al Yazira–, pero también la BBC en árabe, France 24, Al Hiwar y otras, captando la atención del mundo árabe (curiosamente mucho menos en el mundo occidental, pese a la emisión en inglés y francés). Al Yazira creó un sistema interactivo con la información difundida por internet por los propios ciudadanos, usándolos como fuente documental y también organizando grupos en Facebook, y transmitiendo directamente a los móviles de forma gratuita. Así parece emerger el nuevo sistemade comunicación de masas construido como mezcla interactiva y multimodal entre televisión, internet, radio y plataformas de comunicación móvil. La comunicación del futuro ya se usa en las revoluciones del presente.

Obviamente, no es la comunicación la que origina la revuelta. Esta tiene causas profundas en la miseria y la exclusión social de buena parte de la población, en la pantomima de democracia, en el oscurantismo informativo, en el encarcelamiento y tortura de miles de personas, en la transformación de todo un país en la finca de las familias Ben Ali y Trabelsi con el beneplácito de EE.UU., los países europeos y las dictaduras árabes. Pero sin esa nueva forma de comunicación la revolución tunecina no hubiera tenido las mismas características: su espontaneidad, la ausencia de líderes, el protagonismo de estudiantes y profesionales, junto con los políticos de la oposición y los sindicatos jugando un papel de apoyo cuando estaba el proceso en marcha.

Es más, el efecto directo de la caída del régimen ha sido una extraordinaria primavera de libertad de prensa. El insufrible canal 7 se convirtió en Televisión Nacional Tunecina e informa con independencia, como la popular radio Mosaique y los principales diarios Al Churuk y Al Sarih, que ahora exponen en titulares la corrupción del régimen una vez que los periodistas echaron a los directores. Esta comunicación libre hace difícil a los políticos de la transición manipular el proceso como quieren. Cada intento de gobierno continuista se encuentra con una oleada de informaciones sobre los nuevos líderes que alienta la persistente protesta popular contra un cambio de fachada. De modo que, aunque, como siempre en la historia, los mismos perros con distintos collares y con los mismos amos se aprestan a retomar el poder, la revolución del jazmín no será tan fácil de doblegar porque es una revolución basada en la libre comunicación. Quienes mejor lo saben son los regímenes árabes que están en estado de alerta. Ya ha habido diez autoinmolaciones de protesta en Egipto y otros países, las manifestaciones se suceden, internet se puebla de llamamientos y debates y Al Yazira gana audiencia en una juventud que siente el embriagador aroma de la libertad.